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No sé si puedo decir que tengo una historia de emprendimiento porque no he logrado ver una real productividad en lo que he realizado como empresaria.
Para detallar una historia, sinceramente nunca pensé en emprender algo cuando ya estuve en la universidad, nunca me sentí carecer de dinero, solo pensaba en terminar mi carrera y entonces emplearme para ganar un salario, antes de eso solo obtendría lo que me provean mis padres. Pero entonces, al necesitar mayor independencia, me ví motivada a emprender. Me asocié con amigas e intentamos muchas cosas: Vender ropa y accesorios, hacer tortas y venderlas, sánduches en los desfiles, hacer rifas y bailes, etc. Pero siempre las ganancias repartidas eran muy poquitas, al final ganó el trabajo asalariado de la nueva profesional cuando lograba obtener un trabajo.
A lo único que he sido alentada es a estudiar y llegar a ser profesional, pero no a emprender, por parte de mis padres, de hecho mi papá es un ingeniero civil quien siempre tuvo trabajos estables para el gobierno y que nos permitían vivir con comodidad, pero él era nuestro único sustento en casa y yo me preocupaba que si nos hacía falta algún día, la situación de nuestra familia hubiera sufrido de carencia. Mi madre sabe cortar y cocer, pero a parte de confeccionar linda ropa para nosotras sus hijas, ella nunca hizo de aquel arte una empresa y siempre estaba preocupada de nuestra supervivencia en caso de faltar mi padre. Su gran aporte económico era una gran habilidad de organización de modo que el dinero se aprovechaba muy bien, la familia se alimentaba maravillosamente, salíamos siempre de vacaciones, nos vestíamos bien, estudiábamos y hasta ahorraban dinero. Creo que ella, mi mamá, pudiera ser la mejor asistente de gerencia, pero no se vería a ella misma como una empresaria y estoy un poco contagiada de aquello. Ella siempre ha tenido talento para la cocina y las manualidades, cosas que le han hecho ganarse la admiración de otras personas, así mismo el reproche de una tía muy inteligente, empresaria y adinerada que tengo, pues ella siempre le ha propuesto que haga negocios para explotar esos talentos.

El trabajo asalariado en Ecuador puede tener diferente estabilidad, en mi caso nunca estuve más de un año en un trabajo hasta ahora que soy docente por dos años.Comencé éste trabajo cuando mi bebé cumplió año y medio y me siento bien, me toma entre 12 y 24 horas por semana y me separa unas horas al día de mi hija, incluso hubo veces en que la he llevado a las clases cuando el trabajo programado me lo permite. Pero me gusta esta labor porque me permite estar actualizada y en contacto con la gente, por eso me daría pena dejarlo, lo cual sería bueno si me decidiera a educar en casa a mi hija y a tener un segundo bebé.
Desde hace unos tres años que sigo a Mónica Salazar de Familia Libre y Mamá Trabaja en Casa, por eso a veces pienso en que me gustaría tener un ingreso extra utilizando los recursos de la internet y la informática, pero hasta ahora no se me ocurre la gran idea con la que arranque mi negocio en internet, en parte creo que debo trabajar más en ello y en parte creo que debo conocer más aspectos de ésta actividad.

Carmine, mi hermosa niña, manifiesta un gran amor por bailar. Sé que los bebés pequeños reaccionan con mucho placer a la música, pero mi hija con el tiempo desarrolló un particular gusto en moverse al ritmo, además de afición por observar vídeos o presentaciones artísticas que incluyan baile, ella imita a los bailarines y mueve su cuerpo con mucha habilidad que hace sorprender a quien la mire. Ella no se puede perder una fiesta porque baila sin cansarse y anima a los demás a bailar. En especial, siempre ha admirado el ballet clásico y ni pestañea en las presentaciones a las que le he llevado.

Pensé mucho en mi deber de potenciar este talento e inclinación por la danza, así que le pregunté a ella si deseaba aprender más y asistir a clases en una escuela de ballet, a lo que respondía positivamente con mucho entusiasmo, así que me puse en la tarea de encontrar un buen lugar en mi ciudad.

De ese modo, investigué algunos lugares y llegué a una academia recomendada por amistades que habían visto bailar a Carmine, me fuí a conocerla y a ambas nos gustó que la profesora, aunque joven, tenía bastante experiencia al trabajar con niñas pequeñas con quienes también conversamos. Nos enteramos que estaban muy felices y enseñaron sus flexibles movimientos y acrobacias. El problema estaba en que mi hija no tenía aún cuatro años, la edad en la que la academia recibía a sus alumnos, pero la profesora me la recibió a prueba debido a que vio que ella tenía su gran deseo de bailar.

Así pasó feliz recibiendo tres clases de ballet por semana y siempre con ganas de ir.  Mi niña solía pedirme que la lleve a clases aun si no le tocaba ese día, siempre esperaba impaciente su próxima clase y hacía demostraciones a sus abuelos de lo que aprendía. Pero en sus últimas clases ya no ha querido despegarse de mí cuando la voy a dejar y me he sentido muy frustrada en tratar de convencerla, incluso la instructora me ha permitido acompañarla durante la clase para que Carmine se quedase, pero todo ha resultado inútil y las dos últimas veces nos hemos plantado en el sofá de la recepción escuchando a la clase practicar mientras ella, juega, camina o hace tímidos pasitos de baile a mi alrededor sin alejarse demasiado.

Toda su negación comenzó porque la anterior clase se me hizo tarde por una fuerte y repentina lluvia que inundó algunos sectores de la ciudad, por lo que tuve problemas con el intenso tráfico que se formó, entonces ella se angustió y lloró mi ausencia por unos fatales veinte minutos.

Mi esposo y mi mamá me han dicho que la causa es que yo le doy todavía mi pecho y que por eso es demasiado apegada a mí y que no puede superar mi ausencia. Ellos sugieren siempre el destete para que ella por fin se independice y actúe por su cuenta, como hacen otros niños conocidos que tienen edades similares a mi hija. Por mí parte no veo problema en que sea apegada a mí, lo que me preocupa es que no pueda desarrollar sus potenciales por miedo a alejarse de mi lado unos metros. La verdad es que estoy pensando que comenzamos muy pronto con el asunto de las clases.

Intenté por dos semanas más llevándola a su clase, pero ambas nos ponemos ansiosas y yo acabo frustrada. Decidí no llevarla más, no quiero que se sienta presionada por mi deseo e ilusión de verla pronto bailar ballet, voy a esperar que nuevamente me lo pida, pero no diré ni una palabra, creo que ya causé demasiado daño con mi insistencia.

Mi maternidad

No recuerdo cuando había decidido ser una mamá que cría  con apego. Siempre había creído en que los niños deben ser independientes, con buenos modales y callados, debo admitir que hasta antes de ser madre solían irritarme y no me sentía conectada con ellos.

Pero llegar a tener un hijo en tu vientre y empezar a quererlo desde entonces, cambia las cosas para muchas de nosotras. El alimentarle con mi pecho fue la primera de las decisiones que tomé en pro de una maternidad natural, luego el no permitir que llore, paulatinamente acepté el acostarla a dormir conmigo para que tengamos un sueño feliz, entre otras cosas. Ser mamá me toma cada vez con descubrimientos y razones que a veces son sencillos, otras complicados porque descubro en muchos aspectos que la sociedad y el actual medio en el que vivimos hace difícil conectarse con nuestra verdadera esencia humana.

El lema de este blog anuncia una maternidad complaciente y cariñosa. La complacencia absoluta es la parte más dificil para mí pues nosotras no siempre estamos dispuestas a rendir todo por nuestra criatura. Queremos carrera, figura, dinero, reconocimiento, en ello no encaja el ser mamá verdadera. Esta es mi travesía por aquellas contradicciones y mi el deseo de mi ser por estar con mi hija y demostrarle todo el amor que siento por ella.